sábado, 2 de julio de 2011

La vida ha continuado

Han pasado varios meses desde que dejé de escribir, quizá como dice Rosa Montero "en el desespero por ser leída" olvidé que eso no es lo importante. Mi enfermedad parece haber tomado vida y cohabita conmigo en el mismo cuerpo. Ambas luchamos por darse cabida en este tonto cuerpecito mio. Siempre hay días en que ella (mi enfermedad) gana la batalla y se hace dueña de mi. Bien sea con los dolores que me entumecen el cuerpo, que me restan movilidad o que se adueñan de mi, o simplemente con el deseo frustrado de hacer más de lo que realmente puedo. Es más que estresante, es horrible.

Quisiera que un día despertara sin dolores, sin fatiga, sin esa situación que me impide sonreir al levantarme y me lleva abruptamente a la realidad: hay dolor. Aunque trabajo, sonrío y me muevo como cualquier persona, no se dejen engañar. No soy cualquier persona.
Lucho a diario conmigo misma para dar un poco, aunque sea un poco más de mi misma, hacer más de lo que me piden o lograr encontrar un punto donde no me pasen factura por haber tardado un poco más de la cuenta en tomar mi descanso. Son a diario docenas de veces en las que me encuentro adormecida en alguna parte del cuerpo que son causas del dolor eterno que me acompaña.

Lo más frustrante es que casi nunca me quejo. Me verás una y otra vez intentandolo, bromeando al respecto o fingiendo que no hay dolor pero que luego en secreto tengo que aceptar tristemente que solo me engaño a mi misma. El dolor no se va. Solo es ignorado. Nunca está ausente, solo adormecido y enfurecido esperando el momento oportuno para destruir un buen día y hacerme saber que ahí está. Mi enemigo infernal que prefiere estar oculto en mi que irse y dejar, a este cuerpecito mio, libre al fin de su dominio eterno.

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La vida te hace fuerte... si se lo permites